viernes, 1 de diciembre de 2017

Habla de fútbol, friki.

La televisión en negro, como siempre salvo en el desayuno, cuando el reloj tiene prisa y no se le puede quitar ojo. Pienso en ese negro, la oscuridad rectangular y profundísima y cómo el tiempo es una parcela dividida en usos horarios, parrilla televisiva.


Hace años ya que no veo la televisión diariamente. Ese orden repetido se perdió en la marejada de la TDT y sus canales imposibles de otros mundos, y quedamos a la deriva de internet y su "hágase usted mismo su tiempo", ¿entiendes?
El abanico limitado de canales unificaba las charlas, los tiempos muertos, joder, ¿Quién crees que ganará, Freezer o Goku?, Kimi y Valle como que son lo mejor, ¿no?


Echo de menos la sujeción televisiva como quien va de primeras en escalada. El vértigo me guía, pero en la altura ando solo. Este camino que hago cada mañana en internet es mío y nadie lo repite y en la libertad (limitada, obvio, no seamos tan naif) no hay manada, estamos solos. 


Y si en internet aparece esta soledad, el páramo de las elecciones únicas, no te digo ya nada con la poesía. La combinación imposible de lecturas, sensaciones, emociones que provoca este género minoritario hace que las conversaciones sobre tal o cual poeta, tal o cual tendencia, tal o cual poema, reboten en las paredes del cráneo y no huyan.


No sé vosotros, pero cuando creces en un pueblo (menos gente, menos posibilidad aritmética de aficiones divergentes), el camino viene marcado. O al menos el visible. Si quieres mantenerte a flote, participar, «ser parte de», debes armarte un armazón de cotidianeidad, véase: fútbol, política, y, quizá, televisión.

Habla de fútbol, friki.



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