lunes, 30 de enero de 2017

Poemas pequeñoburgueses, de Juan Bonilla

tenía guardado para un momento especial el último libro de Juan Bonilla (Jaén, 1966) “Poemas pequeñoburgueses”, publicado por la editorial Renacimiento. Ya sabéis cómo son estas cosas; almacenar libros deseables, leíbles, aceptables, e ir leyéndolos a veces por azar y otras, como en este caso, por voluntad. Darse el capricho. Y bueno, ya que me tengo que chupar dos horas de bus al día para ir a trabajar, quise tener mi momento con Bonilla a las siete de la mañana.  Llamadme loco.

Lo último que leí del poliédrico escritor fue “Hecho en falta”,  una antología de sus mejores poemas publicada por Visor en 2014, y cuando me topé con “Poemas pequeñoburgueses” en la librería Pasajes no me lo pensé. El sabor de aquellos poemas certeros lo tenía aún muy presente.
Lo bueno que tiene Juan Bonilla es que no sabes “por dónde te va a salir”. Maneja la novela, el ensayo, la poesía y el relato y esa capacidad para los malabares capacidad hace que cada obra suya sea una mezcla de cada una de las otras “artes”. Como lo de las trazas de frutos secos, vamos.




Este comentario lo estoy escribiendo a bote pronto. Así, recién cerrado el libro, digamos, y el gusto (aún no se ha convertido en regusto) que tiene es de melancolía. El autor jerezano, que ha sido publicado en una edición muy cuidada, grande, DINA5 o cerca por los sevillanos de Renacimiento, divide en tres partes esta nueva muestra de potencia controlada en las letras. Sin derrapes pero apurando las curvas:

1.        Poemas pequeñoburgueses

En esta primera sección Bonilla nos muestra una vertiente apenas desarrollada en sus libros: la vertiente política. A ver. Tampoco es que sea una poesía “proletaria”, combativa, sino que desarrolla núcleos de conflicto que tenemos todas las personas y que se asocian a un ámbito social o político, pero que, en realidad, corresponden más a un entorno humano o psicológico, como en el poema que abre el libro:

Herencia
Nieto de proletario, hijo de proletario,
me enseñaron muy pronto la misión fundamental de todo proletario:
hacer lo que haga falta
(…)
para dejar de ser lo que viniste a ser,
un proletario.

Claro que Juan Bonilla toca temas políticos, pero siempre desde el punto de vista del individuo, nunca del grupo, lo común, sino lo complejo de cada uno, y por eso, un poema aparentemente muy político como puede ser el del “Policía antidisturbios” es filtrado por el ojo del poeta para que incluso lo brutal cree controversia y contrapié:

Lo llevo en algún punto del cerebro.
La porra amenazante por mi bien.

o en el poema “campaña electoral”:

Prometen lo de siempre:
futuro, que es el tiempo
en el que habla la muerte.
(…)
Toda revolución
acaba siempre en un Napoleón.

Pero, salvo estos dos poemas más “combativos” (su manera), el resto de poemas de esta primera sección tratan del paso del tiempo (“Apuntes de Bachillerato”, “La realidad no es todo lo que hay”, “Paréntesis”, “Por regresar”, “Ya no más” y “El río”), ese terreno fértil donde Bonilla visita el tiempo pasado, los cimientos del hoy para desenterrar los porqués con el olor a Je me souviens de Perec o de las canciones memorizadas hace años, los cromos, la intensidad del juego. Y sabe lo que hace porque no se oxidan esos recuerdos. Todos tenemos nuestra caja de recuerdos imposibles.

Esta visión de la política, del pequeñoburguesismo¸ con nuestros pequeños cimientos únicos hacen que podamos seguir hacia delante, que no nos desmoronemos del todo por lo plano del presente.

2.      El día de regalo

Poema largo, en mi opinión más cerca del relato que del poema, ¿pero sabes qué? No tengo nada más que decir de esta sección salvo que lo leí tres veces seguidas y me despertó más que cualquier café del mundo. Disfruten. 

3.      Cincuenta años de éxitos

Aquí Bonilla vuelve a jugar con la melancolía, con el recodo de la biografía, sus intersticios. 25 años de éxitos fue el primer libro que publicó, en 1993, cuando tenía apenas 25 años. En esta sección el poeta suelta la traca final. Desde el inaugural “canicas en un bote”, en el que revisita aquellos momentos que merecieron la pena:
…canicas metidas en un bote de cristal
sosteni´´endose las unas a las otras.
Si las vuelco se esparcirán por el suelo
y al recogerlas ya no se sostendrán como se sostienen ahora
y alguna se perderá para los restos…

todas se perderán para los restos.

o en el poema “Gala”, en el que el escritor entrega sus propios premios o el novedoso “Secta de los viles”, en el que habla con su cercano Maiakovski, con el que ya tuvo una larga relación en su libro “Prohibido entrar sin pantalones”, y así llegamos al último poema “Epitafio de cualquiera”, en el que Bonilla celebra la vida sin paliativos. Coge a todos aquellos personajes que nunca llegaron a ser secundarios, ni siquiera figurantes, y los celebra. Celebra la rutina, lo pequeño, lo cuidado pero también lo aburrido. Y lo hace porque, pese a la monotonía y el sinsentido de la mayor parte de la vida, esta deja un poso fértil de felicidad y otro de esperanza:

Da igual. Me cambiaría por ti
(…)
tienes un cuerpo, puedes sentir cómo cabalga el tiempo
(…)
Eres una maraña de recuerdos
irguiendo al infinito una conciencia.

Bueno, y volvamos al todo. Volvamos a mirar desde arriba el libro para ver qué, para ver cómo Bonilla nos ha hecho lo que nos ha hecho. Y yo os puedo comentar, que este “Poemas pequeñoburgueses” es un manifiesto, una proclamación, una constitución. Aquí, en estas 73 páginas se articula una muestra de cómo las ideas y las cosas no pueden ir por separado, no van, se quedan frías y se pudren. Aquí podemos ver cómo las cosas, el día a día, el pan, los periódicos, los juguetes, los cromos, toda esa pléyade de cosas aparentemente consumibles e inocuas nos hacen, de facto, cambiar nuestra configuración interna y más profunda. No te fijes en los ideales, en las proclamas, en lo etéreo, fíjate en el aquí, los detalles.
El más pequeño sacapuntas se puede incrustar en el cerebro de nuestra emoción y nunca más podrás sacarlo de ahí. Este es el secreto que Bonilla nos cuenta. Ale, sí, es un spoiler, pero es que este libro hay que leerlo con mucho cuidado. Saboreando.



Disfrútenlo, vuelvan a sus escondites preferidos.






JUAN BONILLA
POEMAS PEQUEÑOBURGUESES
EDITORIAL RENACIMIENTO
73 PÁGINAS

14,25€






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