miércoles, 6 de julio de 2016

Los libros y el verano (1) Moby Dick

Libro para fondo de mochila, para hueco entre las cosas del camping, libro como tablón en la terraza acuática del verano. Moby Dick tiene algo que me ha hecho rescatarlo hoy, día 6 de julio de 2016, al menos 5 años después de haberlo leído, y que aún no termino de comprender del todo.

Lo primero que tengo que hacer, antes de empezar a hablar de esta persecución, esta obsesión, es admitir que hay partes de Moby Dick que no las he leído. Así. Venga, va, pues vaya. Sí, en ocasiones el señor Mellville se pone a describir los diferentes instrumentos del barco, o detallar los diferentes tipos de nudos marineros posibles y claro, es inevitable que tu mientras te pongas a pensar qué estará pasando con la ballena demonio. 

Todos conocemos la historia de Moby Dick, algunos con más zoom que otros, pero lo básico es reconocible por todos porque incluso ha salido en Los Simpsons: un capitán de barco se obsesiona con una ballena enorme y blanca y quiere cazarla por todos los medios. 


Vale, hasta aquí todo bien. Pero lo que a mí me hace recomendar que en este verano de 2016 leáis esta historia es la fuerza. La fuerza que se esconde en un mínimo porcentaje de la novela (sí, porque aunque no lo creáis, en esta novela se habla de muuuuchas más cosas que Ahab y la propia ballena), pero que hace que el resto del relato sea pertinente. Ahab, tío loco y pese a todo. Pese a todo empatizas con él y su obsesión porque todos hemos tenido irracionalidades que daban sentido al mundo. Todos hemos tenido un horizonte, una meta que nos hacía caminar-correr-viajar sin mirar atrás o a los lados, solo un posible chorro a lo lejos, un "por allí resopla" que justifique el viaje, los esfuerzos, los sacrificios. 

Siempre está al fondo. Nunca sabes cómo ni cuándo va a pasar el esperado encuentro, y esa espera, esa incertidumbre, esa emoción que a pesar del tiempo aún recuerdo de manera viva y cercana hacen que yo os recomiende este novelón clásico. 

Ojalá vuestro arpón aguante la embestida del relato. 

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