martes, 14 de junio de 2016

Los libros y el verano (previa)

El pasado 20 de mayo publiqué un libro y, después de haber respondido muchas veces en el último mes la pregunta ¿Cuánto vale el libro? (bueno, tampoco tantas, seguro que menos de las que quisiera, pero aún así, bastantes), he empezado a darle vueltas como una hormigonera literario-mercantil al hecho de comprar libros. 

Sí. 

Ese acto que un porcentaje mínimo de la población hacemos impulsivamente y que nos supone un gasto periódico (pero gustoso). Y claro, me he puesto últimamente del otro lado y me he dado cuenta que mi libro cuesta mucho. A mí me ha costado. Mi libro vale mucho, a mí me ha valido y me vale. Entonces, ¿Por qué cuesta apenas 9€? (Por favor, no interpreten aquí autobombo oculto, el libro está bien, pero tampoco es para tanto)

Y ahí llega lamadredelcordero. ¿Son caros los libros? Supongo que el problema es que son caros si después de comprarlos no sabes qué hacer con ellos. Si no los vas a leer, son caros. Si no los vas a releer son caros. Si no los vas a vivir son caros, pero, ¿Cómo le explico yo esto a alguien que me dice que mi libro es caro? ¿Cuántas cervezas vale un libro? ¿Qué porcentaje de rellenar el depósito de tu coche es suficiente para comprar un libro? 

Y ahí estamos, en ese punto, en saber qué sentido tiene comprar un libro antes de recomendaros algunos libros que considero útiles, herramientas para aprovechar siestas a la bartola o tardes en terrazas de este verano que ya saca el látigo del calorcete. 


Porque claro, lo primero va antes. 








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