lunes, 25 de enero de 2016

18

Se hace un moño y lo convierte en asterisco, en punto de atracción, en desagüe de todas mis dudas. Un moño que libera la pista de aterrizaje que es su nuca, huerto de perfume aún sin cultivar. Nuca que encierra un siempre, un temblor, un acantilado circular y caliente.

Invoca el misterio de las tormentas y ahí está la contraseña del mundo, como el nudo donde coge fuerza la madera o preparar la hoguera para la noche. El malabarismo de sus dedos escondidos en su pelo, despejando el cuello de melocotón en curva.

Yo miro su cuello. Su sinceridad abierta como granada, igual de fresca. Algo escondido se escapa cuando quiere estudiar, o ver una película, o ponerse cómoda. Atrapa algo con ese juego de manos, enrollada la goma en su muñeca prepara el anzuelo,

el centro del mundo,


la piscina de todos mis trampolines. 

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