domingo, 3 de enero de 2016

15

Cuando ya no estemos, cuando nuestros cuerpos hayan traspasado el muro de lo invisible y solo quede de nosotros el silencio. En el mundo quedará una cicatriz en los lugares donde fuimos felices, como recuerdo de nuestra montaña rusa juntos. 

Isla arrastrada por la marea que encontró humedal y bosque, otra isla comunicada por un puente de espuma.

Hoy es dos mil quince y punto inicial de la bengala que coincidimos en crear, nadie sabe la profundidad de esta bañera que fuimos y que ya llega a océano. Se acaba este tiempo que bebimos hasta el último grano de arena de la sed. 


Juntos somos el nido que no se deshace, el montón de arena que salió andando de la playa y jugó con el coral a ser imposible. Tenemos un camino que acabará y tendremos los huesos blandos de tanto mojarnos con las lenguas, debilitados y alegres en la noche más fértil del mundo. 

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