viernes, 16 de octubre de 2015

Poesía vs Trabajo

digamos que necesitamos sobrevivir. Digamos que para poder llevar dinero a casa (ay, llevar a dinero a casa, como si esa casa fuera nuestra y no estuviéramos solamente de paso) hace falta hacer cosas que no nos gustan, que nos hacen tener sueño, que nos hacen estar malhumorados y ocupados. Pongamos que esto es así y que lo asumimos. Vale, ahora nos quedan 16 horas libres al día (como mucho).

Hay gente, todos los sabemos, que se dedican a lo que quieren. De verdad. Hay gente así. Gente que en lugar de bordear el curro se sumergen en él porque les encanta. Véase médicos, futbolistas, veterinarios, periodistas o cocineros o cualquier otra profesión que, a priori, no engancha tanto. Gente que recibe una remuneración a cambio de dedicar tiempo a hacer algo que les gusta, que les motiva.

Joder.

¿Y la poesía dónde queda?

Hace unos años, empecé a notar una pequeña mancha en el ojo derecho. La mancha aparecía siempre que enfocaba una pared blanca, como una aparición que se hacía visible solo en esos momentos pero que no me abandonaba nunca, camuflada en los colores oscuros. Con el paso del tiempo me he dado cuenta que dicha mancha sigue ahí, es como una grieta, diagonal, pero que cada día que pasa está menos presente.  
Digamos que la poesía aparece así y se queda en nuestro modo de ver el mundo. Se va asimilando, asumiendo. ¿Y con eso vale? ¿Nos conformamos con tener a la poesía para nosotros solos? No, claro que no. Queremos que todo el mundo sea partícipe de nuestra mancha, de nuestro modo de ver la realidad.

Pero la poesía no le importa a nadie. Al menos la nuestra. Lo que importa a quien lee poesía es LA PROPIA VISIÓN DE LA POESÍA. ESO. Todo lo demás son reflejos de este único modo de ver, el único que nos interesa.

Pero es que somos una minoría y no le importamos a nadie.



Para el mundo (ese montón de gente que está más allá de nuestros colegas, de nuestros “amigos” poetas y familia), la poesía es una puta mierda de hobby que tenemos algunos raros. Eso. Y si todo el mundo escribe, si todo el mundo tiene un blog, si cualquiera puede sacar su diario personal a la calle y ponerle un título cursi, ¿para qué tenemos la poesía? ¿Dónde la metemos? y, lo más importante, ¿por qué nadie tiene que pagar por la poesía que hacemos y que solo nosotros entendemos?

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